En 1917, Max Fleischer inventó la rotoscopia, con lo que cambiaría la historia de la animación para siempre. Como decíamos, dicho aparato proyectaba una película real sobre una mesa, permitiendo dibujar a los personajes ficticios basándose en el de los personajes reales. Max, junto a su hermano Dave Fleischer y Lee De Forest, estrenaron en 1924 la primera animación con sonido, Oh Mabel.
El Fleischer Studios se destacó entonces por su animaciones fluidas, naturales e ingeniosas. Pronto los hermanos Fleischer asombrarían al público con varios personajes icónicos del cine sonoro de animación: Betty Boop y Popeye el marino, así como de otros personajes inolvidables de la época, como Koko el payaso.
Su invento y sus proyectos pusieron a los Fleischer Studios a la cabeza del género de animación, aunque muy de cerca venía Disney. Y es que para su gran película, la que le valió un lugar en el mundo de la animación y que, además, marcaría el futuro de la compañía, es decir, para Blancanieves y los siete enanitos, utilizó la técnica de rotoscopia. Sin embargo, se dice que la compañía del mítico Walt Disney no tenía permiso para usar la mencionada tecnología y que, además, no dio los créditos ni regalías correspondientes.
Esto, por supuesto, levantó las alarmas en Fleischer Studios, quienes respondieron con un proyecto muy ambicioso: Los viajes de Gulliver. El largometraje de 1939 sería realizada casi en su totalidad con rotoscopia y, por si fuera poco, fue el segundo largometraje sonoro en color de animación realizado en la historia del cine. El primero: Blancanieves y los siete enanitos, así que ya podemos ver que el golpe a los hermanos Fleischer no fue poco.

¿Recordáis qué es exactamente un daguerrotipo? Ya en el comunicado 202, allá por mayo de 2018, os hablábamos de Louis Daguerre, creador del daguerrotipo, y de su maravilloso invento. El daguerrotipo fue el primer procedimiento fotográfico anunciado y difundido oficialmente en 1839 en la Academia de las Ciencias de Francia y con una enorme repercusión. Los trabajos de Daguerre continuaban los iniciados por otro científico francés: Niépce.
El daguerrotipo está considerado el primer proceso exitoso de la historia para tomar fotografías. Para conseguir un daguerrotipo era necesario exponer una placa de cobre plateado a vapores de yodo para que fuera fotosensible, luego con vapores de mercurio se generaban amalgamas de plata y mercurio que daban lugar a la imagen revelada.
Pero el daguerrotipo que hoy nos ocupa, que es un retrato de un capitán de caballería, no es un daguerrotipo cualquiera, se trata de un estereodaguerrotipo, es decir, que está pensado para crear un efecto 3D. De hecho viene presentado en un precioso estuche que incluye el visor para ver la imagen en 3D. Una vez montado el visor se podía ver a través de él como se muestra en esta fotografía.
En la zona del visor, de cuero, aparece en repujado el nombre del óptico Josef Rospini, por lo que este producto se habría confeccionado gracias a la colaboración de Strezek y Rospini.
El autor del daguerrotipo es Franz K. Strezek (Strečeck), fotógrafo nacido en Praga hacia 1807 o 1809. Strezek se trasladó a Viena con su hermano Thomas y comenzó a experimentar con daguerrotipos desde su lanzamiento en 1839/40. A partir de 1844 los hermanos se hicieron cargo del estudio de C. Schuh y ya en 1854 comenzaron con la producción de estereodaguerrotipos. Fue uno de los daguerrógrafos de retratos más exitoso de Viena en la década de 1850 y a menudo coloreaba posteriormente las placas a mano. A partir de la década de 1860 comenzó a tomar fotografías de vistas sin mucho éxito, lo que le llevó finalmente, junto con la aparición de la carte de visite, a trabajar como asistente en otro estudio y finalmente abandonar la fotografía en la década de 1870. A pesar de que acabó sus días totalmente empobrecido, el tiempo le ha dado su lugar en la historia de la fotografía austríaca y su obra se ha mostrado en varias exposiciones.
a cámara reloj A-B-C de Steineck (id. 9065), fabricado en 1949, en la Alemania del Este en plena Guerra Fría. A pesar de que se vendió tan solo durante tres años (del 1948 al 1951), obtuvo tan buenos resultados que está considerada posiblemente como la mejor de su clase.

Aunque esta pieza histórica no estaba pensada como una auténtica cámara espía (como podéis ver en la fotografía no tiene ningún tipo de esfera que marque la hora), lo cierto es que su gran similitud con los relojes hizo que tuviera una gran demanda hace más de 50 años entre detectives y espías aficionados. Esta magnífica cámara es un invento de Rudolph Steineck, que años después fabricó y patentó la cámara minitura Tessina (id. 5586).
Este impresionante reloj de pulsera cuenta de un cuerpo de aluminio y una costosa correa de cuero. Su cámara pesa 42 gramos y mide 42,5mm de largo y 35mm de ancho, incluído el disparador. Está equipado con una lente Steinheil de enfoque fijo de 12,5mm (f2.5), con velocidad de obturación única. Tiene dos ajustes de apertura, ya sea que haya luz brillante o ténue.

La cámara utiliza una película de carrusel de 24mm con 8 exposiciones, y es curioso que no cuenta con un tope de índice para el carrusel, de forma que al presionar el disparador se corre el riesgo de perder el registro. Sus discos pueden ser cortados en una película estándar de 35mm. De hecho, la carga de la película era bastante difícil, como así se apreciaba en el extenso manual de instrucciones que acompaña a este curioso reloj de pulsera con cámara. Allí se indica que para cargar la cámara, el casete se presioa ligeramente en su lugar en la abertura trasera, y el borde estriado del casete se gira a la derecha hasta que se detenga y los puntos rojos del cuerpo de la cámara y del casete se alineen.


En las instrucciones también indican que para tomar la fotografía hay que sostener la cámara entre el dedo índice y el pulgar, y presionar con el pulgar el disparador mientras que con el índice se estabiliza la cámara ejerciendo una contrapresión. De forma automática el casete gira para poder tomar la próxima fotografía, sin necesidad de avanzar la película.



la Sociedad Española de Productos Fotográficos SA (VALCA). Recientemente, hemos incorporado a la Colección fotográfica de Foticos un hermoso cartel publicitario de esta marca (id. 9098). Se trata de un cartón relieve impreso por los impresores J. Gerzon SA, en la segunda mitad del siglo XX, en España.
Probablemente, los amantes de la fotografía más veteranos todavía recuerdan haber tenido en sus casas carretes Valca o quizás, hasta algunos hayan revelado con papel fotográfico de esta marca. Valca fue una empresa 100% española dedicada a la fabricación de productos fotográficos y radiográficos. Se constituyó legalmente en 1940 y levantó el primer pabellón de su fábrica en 1942, concretamente en el VAlle del CAdagua (Valca), por donde pasaba el río homónimo Cadagua. No fue una localización elegida por azar, sino que el proceso de producción de aquel entonces requería de un afluente con aguas limpias y de temperatura estable durante todo el año, por lo que el Valle de Mena (Burgos) era perfecto. Aunque, sus oficinas comerciales se ubicaron en Bilbao, no en vano era una empresa de origen vizcaíno.
Vista de las instalaciones industriales hacia 1951.
En apenas unos años, Valca vivió un acelerado crecimiento físico, técnico y productivo y acaparó buena parte del mercado radiográfico nacional, mientras que en el fotográfico mantuvo un buen pulso a gigantes como Agfa (alemán), Fuji (japonés) o Kodak (americano). Su máximo esplendor fue en 1985. La fábrica del Valle de Mena era un gran complejo empresarial de 41.543 metros cuadrados. Su fachada era de 50 metros y entre sus pabellones contaba con comedor, economato, capilla, laboratorios y despachos. También había viviendas residenciales para los trabajadores. Llegó a emplear a más de 400 obreros, y los empleados eran una gran familia: festejaban juntos las fiestas, realizaban excursiones, celebraban la Navidad junto a sus hijos, etc.
El primer producto que salió de la fábrica Valca era de material fotográfico sensible negativo, con destino a profesionales y las artes gráficas. Poco después se lanzó a la producción de papel fotográfico y más tarde a la elaboración de películas en todas sus variantes (id. 600, id. 7793). Concretamente, en 1973 se lanzó al mercado el nuevo tipo de papel de color Valcolor RC, sobre soporte de papel recubierto de politeno. Buena parte del éxito de la marca se debe también a sus grandes campañas de publicidad. Llegó incluso a participar durante varios años en el Archivo Fotográfico de la Vuelta Ciclista a España.
Imagen del camión publicitario de Valca en la Vuelta Ciclista a España

Algunas de las campañas publicitarias de Valca
A pesar de su gran éxito y de la buena calidad de sus productos Valca no sobrevivió a la fotografía digital. Debido en parte al aperturismo internacional de 1856 con la entrada de España en la Unión Europea, la Sociedad hizo un gran esfuerzo por internacionalizarse, que lo acabó ahogando económicamente en 1993, cuando anunció su cierre. Como han demostrado los años, el fin de esta multinacional española que llegó a exportar a los cinco continentes predijo lo que más tarde le ocurriría a buena parte de sus principales competidores, especialmente Kodak, que poco a poco se vieron obligados a abandonar el mercado analógico. Si os apetece descubrir el estado actual de los restos de la fábrica de VALCA, podéis echar un vistazo al reportaje fotográfico que realizó en los años 2010/2011 el fotógrafo bilbaíno Alfonso Batalla en este enlace.
La Eho-Box es un ejemplo clásico de las cámaras de caja populares en Europa durante la década de 1930. Originalmente producida por la firma Emil Hofert (Eho) en Dresden, la compañía fue adquirida por Altissa en 1931, quien continuó la producción de estos sencillos pero robustos aparatos. Este modelo, con su característico frontal metálico, se sitúa en la segunda mitad de la década. Estas cámaras estaban destinadas al mercado de aficionados, ofreciendo una forma económica y fácil de iniciarse en la fotografía. Su simplicidad, fiabilidad y bajo coste las convirtieron en un éxito masivo, y hoy en día son piezas de colección que evocan el espíritu de la fotografía popular de entreguerras.

En 1934, de la mano del diseñador Nikolaus Karpft, crearon el primer modelo de Technika, la primera cámara de campo pleglable metálica del mundo, y que todavía hoy en el siglo XXI sigue produciendo modelos revisados. De hecho, la Aéreo Technika era regularmente utilizada en el espacio por las misiones americanas o europeas.
la cámara Enotelf (id.9193), fabricada por encargo para la compañía Telefónica Nacional en 1980. Un ejemplar muy difícil de conseguir, y que finalmente después de años buscándola está ya en la colección de Foticos.
Esta robusta cámara fue creada especialmente para Telefónica por ENOSA (Empresa Nacional de Óptica SA), que por aquel entonces se dedicaba a fabricar material de óptica y mecánica de precisión para el Ejército y entidades educativas. Así, creó entre otros proyectores, equipamiento para experimentos de física y química, microscópios, voltímetros analógicos y eléctricos, fuentes de alimentación, etc. Esta empresa estatal fue fundada por José María Otero Navascués en 1949 y más tarde formó parte del INI (Instituto Nacional de Industria), que promovía el desarrollo de la industria en España, y que despareció en 1995, cuando sus funciones fueron asumidas por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Entre otras de las empresas que formaron parte del INI están SEAT y ENDESA, por ejemplo. De la mano de Navascués, ENOSA tuvo un intentó de relación comercial con el gigante alemán ZEISS, pero no fructiferó.
Imagen de la fábrica ENOSA en 1985, en el pniar de Chamartin (Madrid)
En 1985, cuando todo era analógico, la compañía Telefónica encargó a ENOSA construir un equipo llamado "Registrador Fotográfico RF-2" para que sus operararios pudieran efectuar la lectura fotográfica de los contadores. Dicho equipo estaba compuesto de un soporte, una fuente de alimentación, un sistema de iluminación y una cámara fotográfica, también conocida como ENOTELF. Para su traslado, el equipo iba en un maletín de seguridad donde se guardaban todos sus componentes.

Se nota a la perfección que ENOSA meditó todas las necesidades de Telefónica a la hora de diseñar este equipo fotográfico. La cámara, de aspecto robusto y pesado para evitar romperse ante posibles caídas lleva en la parte superior una palanca de arrastre y el contador de 36 exposiciones, así como la manivela de rebobinado. Está montada con un objetivo de f/45m, y tanto el foco, como el diagragma y la velocidad son fijos. Sin duda, para que su uso fuera lo más sencillo posible para ser utilizada por los operarios de la compañía Telefónica, tuvieran o no conocimientos de fotografía. Además, el cuerpo en su cara frontal tiene dos salientes para la fijación al equipo de iluminación, dada la escasa visibilidad de la ubicación de los contadores de la luz.










A la izquierda, la placa conmemorativa, fiel semblante de Oskar Barnack (a la derecha)
Oskar Barnack era ingeniero de la empresa alemana Leitz Camera AG (que más tarde pasaría a conocerse mundialmente por Leica) y sufría asma, lo que lo impulsó a tratar de disminuir el tamaño y el peso de las cámaras para poder realizar fotografías en exteriores. De hecho, Oskar fue también uno de los primeros fotógrafos que realizaron reportajes gráficos en los que podía contemplarse la relación de las personas con su entorno.
Entre 1913 y 1914, Oskar consiguió adaptar para uso fotográfico el formato de la película de 35mm que entonces se utilizaba en el cine, dando vida a la primera cámara de pequeño formato, que inició su andadura en 1924: la Leica I. Se la conoce como "la cámara del siglo XX" y logró fama mundial después de que se hiciese público que fotógrafos tan prestigiosos como Robert Capa o Henri Cartier-Bresson la utilizaban en su trabajo diario. Con esta cámara se tomaron fotografías tan famosas como esta:

Lo que quizás no es tan conocido es que la cámara Leica sirvió como pretexto para salvar la vida de miles de judios durante el nazismo. Los Leitz, una familia protestante, dueños de la empresa, idearon la forma de enviar a judios al extranjero sin llamar demasiado la atención: contrataban a trabajadores judíos en su fábrica, los formaba y más tarde los enviaba a América, Francia, Reino Unido o Hong Kong con el pretexto de trabajar allí. Fue arriesgado, si bien el gobierno nazi no se entrometió, quizás porque algunos de sus suminsitros dependían de ellos, como la Leica 250 que el ejército alemán utilizaba en sus vuelos de reconocimiento.
En 1979, con motivo del centenario del nacimiento de su personaje más importante, se creó el Premio Leica Oskar Barnack, otorgado cada año a un destacado fotógrafo, y dotado con 5.000 euros. La empresa alemana celebró por todo lo alto el centenario, con varios diseños de placas conmemorativas (como la que tenemos en nuestra colección) e, incluso, la fabricación de un modelo de cámara hecha de oro de 24 kilates: la M4-2. Se lanzaron al mercado un millar de estas cámaras, grabadas con la copia de la firma de Oskar, y la fecha 1879-1979. Algunas de estas exclusivas piezas se han vendido en Internet por la friolera de 19.999 dólares.
Hoy queremos hablaros de una curiosa pieza de nuestra colección: una medalla de bronce diseñada por el emblemático escultor francés Émile Monier (id. 9496). A modo anecdótico, si os fijáis bien, parece que en esta pequeña moneda de 4,5cm de diámetro aparece representado lo que podría ser "el primer selfie de la historia"

Esta medalla, como se ve en el reverso, se acuñó en el año 1921 en Francia, con motivo de un Concurso General del Stereo-Club. Y se encargó su diseño a Émile Adolphe Monier (1883-1970), un escultor francés emblemático del período Art Decó. Durante su trayectoria creó retratos muy hermosos de los diferentes grupos étnicos del antiguo imperio colonial francés. Y se deben a su autoría importantes medallas de bronce acuñadas con representativos perfiles de hombres y mujeres como Bornour, Peuhl, Senoufo o Touareg creados para la Exposición Colonial de 1931. Abajo podéis ver algunas de las hermosas creaciones de Émile Monier.
A comienzos del siglo XX, con el auge de la fotografía estéreo, comenzaron a surgir clubes de aficionados a la fotografía estereoscópica. De hecho el Stereo - Club francés, fundado en 1903, es quizás de los primeros en crearse y es de los únicos que pueden presumir de continuar su actividad desde su comienzo. Aún hoy publica regularmente un boletín y celebran reuniones mensuales con sus miembros.
Volviendo a la medalla, podéis ver que en la cara aparece en relieve la figura de una madre junto a su hija en una postura que hoy en día nos recuerda al acto tan popular de tomarse un selfie. Pero si nos fijamos más detalladamente, veremos que están viendo al trasluz una vista de cristal o cartón. En la mesa parece también una cámara fotográfica, algo muy recurrente en fotografías de la época.
¿Sabéis cuándo se hizo el primer selfie de la historia? A pesar de lo que pueda parecer, no lo inventó Paris Hilton ni Britney Spears. Ya en 1839, el estadounidense Robert Cornelius en su tienda de lámparas de Filadelfia, se sacó un retrato a sí mismo. Tuvo que posar unos 15 minutos de pie para poder tomarse la foto. También, Frank Sinatra, en 1938, fue uno de los pioneros en este movimiento. Bajo estas líneas podéis ver el "primer selfie" conocido de la historia y a Sinatra sacándose un selfie.
Hoy os aceramos un cámara estereo extremadamente rara con más de cien años de antigüedad: 'Le Prismac' (id.9570), fabricada en Francia en 1906. Esta pequeña joya de la fotografía estereo fue diseñada por la marca francesa Deloye y construida por Devaux. Utiliza rollos de película Kodak de tamaño 102.

En todo el mundo se conocen apenas un puñado de estas cámaras, de las cuales recientemente hemos adquirido una con el número de serie 1004, que viene con su estuche de cuero original en perfecto estado. Esta exclusiva pieza toma exposiciones de 4x4, 4x4,5 ó 5x5cm. Tiene un cuerpo metálico revestido con cuero, en una construcción única con dos objetivos internos de 90 grados para reflejar la imagen en ángulo recto desde los objetivos a la película, lo que permite un cuerpo más compacto al de la época. En la parte inferior tiene un interruptor que activa el obturador. En la parte delantera lleva la placa del fabricante Devaux junto con el nombre de la cámara.

'Le Prismac' es quizás de los únicos modelos que fabricó Devaux, y el único diseñado por la empresa francesa Deloye. Entre 1889 y 1910 Deloye se asoció con Frederic Pierre Jonte, fabricante de cámaras estereo desde 1868 en Francia. Entre otras cámaras, fruto de su asociación lanzaron al mercado cámaras muy exitosas como la Touriste o la Detective, bajo estas líneas. Es una lástima que apenas cuatro años después de fabricar 'Le Prismac', La empresa Jonte & Deloye quebró, poniendo fin a 50 años de actividad.

El catálogo general ilustrado Cosmos Fotográfico, editado por la prestigiosa casa comercial Fernández y Carbonell, situada en la Rambla de Canaletas de Barcelona, constituye una pieza bibliográfica fundamental para el estudio de la tecnología fotográfica de principios del siglo XX en España. Su diseño de portada, con marcadas influencias modernistas, refleja el esmero estético de la época en la publicidad de artículos técnicos.
En su interior, el catálogo detalla exhaustivamente una amplia gama de cámaras, como los modelos plegables Minimum Delta y Trix para placas y películas Film-Pack de 9x12 cm, además de objetivos, accesorios y materiales sensibles disponibles en el mercado español. Este documento es invaluable para la historiografía fotográfica, ya que permite documentar el equipamiento al alcance de profesionales y aficionados durante la expansión popular de la fotografía.
Nota del tasador: Pieza con evidente desgaste por el uso, lógico en un catálogo comercial de más de un siglo de antigüedad. Su valor radica en su importancia documental para la historia de las importaciones y la venta de material fotográfico en Barcelona. El precio estimado refleja su estado de conservación y su demanda como material de referencia para coleccionistas e investigadores.








La cámara estereo japonesa Tokioscope (id. 9656) está fabricada en 1926 por Tokyo Camera Works (T.C.W.), una rama del conocido fabricante y distribuidor de cámaras asiático Sone Shunsuido (fundada en 1902). Un aparato compacto, sencillo y asequible para la época.
Esta rara cámara estereo es una copia de la francesa Glyphoscope (Id. 293 e Id. 298), fabricada aproximadamente en 1905 por el francés Jules Richard. El cuerpo de la Tokyoscope está hecho de madera y tapizado con cuero. El visor del fotógrafo está a la izquierda. Toma placas de vidrio a 45x107mm. Y lo más interesante es que cuando se quita el frontal metálico se convierte en un visor estereo.
Precisamente, es la placa frontal la que contiene el mecanismo del obturador y el diafragma, mientras que los objetivos (de enfoque fijo equivalente a un 60mm) están fijados al cuerpo principal. El Tokioscope fue anunciado en el número de junio de 1926 de Ars Camera por Sone Shunsuidō y por Ars, el editor de la revista que también actuaba como distribuidor de cámaras en ocasiones. El anuncio de Sone menciona el precio especial de ¥28, limitado a 1.000 unidades, y curiosamente dice abiertamente que la cámara está inspirada en el Glyphoscope francés de Jules Richard.
Como veis, las similitudes entre ambas cámaras es bastante notoria. Como curiosidad, la copia japonesa está fabricada por Tokyo Cámera Works (T. C. W.), un nombre que resulta muy poco japonés. Pero fue una práctica muy habitual entre 1910 y 1950, cuando algunos fabricantes japoneses cambiaron su nombre por otro más occidental para la difusión de sus cámaras, y solía acabar en Cámera Works. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades japonesas desaconsejaron el uso de palabras inglesas, y esta práctica desapareció.
Por su parte, el Glyphoscope era una cámara estereoscópica que utiliza placas de vidrio, desarrollada por Jules Richard desde París, que destacó por ser mucho más asequible para el bolsillo que sus antecesoras. Tanto es así que el slogan de márketing era “Établi tout spécialement pour les débutants en photographie" (diseñado especialmente para los principiantes en fotografía).

Hoy queremos hablaros de un visor tipo stanhope muy especial, que recientemente hemos incoporado a la colección Foticos. Se conoce como "espejo mágico" (id. 9728) y se la atribuye su fabricación al fotógrafo e inventor francés René Dragon.


Como veis, este visor stanhope, datado en el último cuarto del siglo XIX, tiene forma de espejo de mano, y en su interior hay dispuestas 42 fotografías en miniatura. En el anverso del cuerpo, de latón macizo, aparece una escena figurativa que representa a un artista y a su público. Los personajes abren el telón para revelar el visor al espectador (por donde se ven la microfotografías). Aparece grabada la palabra MAGIE (magia). Las microfotografías están montadas en un anillo de latón torneado. Se desplazan accionando un botón central giratorio en el reverso. Las imágenes en miniatura que muestra este visor se refieren a vistas de Italia.

Los famosos stahnhope son dispositivos ópticos que permiten visionar imágenes microscópicas (de unos 3mm) sin la ayuda de ningún microscopio, tan solo con una pequeña lupa (la lente stanhope), que aumenta la escena alrededor de 100 veces su tamaño. Precisamente su invento se debe a René Dragon (1819-1900), que obtuvo la primera patente de la historia sobre la microfotografía el 21 de junio de 1859.
René Dragon, ya desde su anuncio en 1839 se interesó por los Daguerrotipos, y se fue familiarizando con los procesos de colodión, que más tarde adaptaría a sus técnicas de microfotografía. Al poco de obtener la patente, tuvo muchos problemas con imitadores y personas que lanzaban versiones propios de los stanhopes. Tras el éxito de estos visores montados sobre joyas y souveniers, Dragon montó una fábrica en Francia, que en 1962 llegó a contar con más de 150 empleados y fabricaba alrededor de 12.000 unidades al día.
Hoy queremos traeros una de las últimas incorporaciones a la colección de Foticos, una auténtica joya de la historia de la fotografía. Hablamos de una cámara de estudio francesa de 1870 de formato 40x50cm (id. 9737), propiedad del célebre fotógrafo Adolphe Braun. Esta cámara para placas al colodión, de 150 años de antigüedad, fue fabricada por Guilles Frères, en París, y lleva montado un objetivo gran angular de origen inglés.
AAdolpe Braun (13 de junio de 1812-31 diciembre 1877) se inició en su juventud como dibujante, y fue enviado a París en 1828 para estudiar diseño decorativo. Es uno de los fotógrafos franceses más célebres e influyentes del siglo XIX, conocido especialmente por sus naturalezas muertas florales, escenas callejeras parisinas y paisajes alpinos. Precisamente con esta finalidad, esta cámára de estudio está montada sobre un gran trípode que llega a permitir subir la cámara a más de de dos metros y medio de altura.
Braun realizó importantes aportaciones a la fotografía, entre otras, algunas innovaciones en la reproducción fotográfica para comercializar sus fotografías en todo el mundo. De hecho, su estudio de Mulhouse contribuyó a que la fotografía pasara de ser una actividad artesanal a una empresa comercial a gran escala, produciendo miles de imágenes únicas que se reprodujeron en toda Europa y Norteamérica. También, sus técnicas fotográficas ayudaron a avanzar en el campo de la historia del arte gracias a la reproducción de obras de arte famosas.
La obra de Braun ha sido expuesta en el Museo Metropolitano de Nueva York, el Getty de Los Ángeles, el Museo d'Orsay en París, el MOMA de Manhattan o el National Gallery of Art de Washington, entre muchos otros. En las siguientes fotografías podéis ver la cámara de nuestra colección en el Museo Unterlinden, de Colmar (Francia), donde estuvo expuesta del 17 de febrero al 14 de mayo de 2018 junto a algunas de sus obras.

La Werlisa Motor MEF-35 es una cámara compacta de 35mm comercializada en 1987 por la firma española Certex, aunque fabricada en Hong Kong. Este modelo representa la adaptación de la marca a las tendencias del mercado de la época: cámaras de tipo "point and shoot" automáticas, asequibles y fáciles de usar por el gran público. Incorporaba un motor para el avance automático de la película y un flash electrónico integrado, características que la hacían muy popular. Aunque Werlisa es una marca icónica en la historia de la fotografía española, este modelo en particular, al ser de fabricación asiática y de plástico, tiene un valor coleccionable modesto. Se vendió también bajo otras marcas, como Achiever. Su interés radica en ser un ejemplo representativo de la fotografía de consumo de finales de los años 80.
Este viernes, queremos hablaros de una pieza muy especial de la colección Foticos: el libro 3D de las Minas de Almadén (id.10485), editado en 1934, en la República. Como seguro muchos sabéis, las minas de Almadén son la explotación minera de mercurio más antigua, con más de 2.000 años de historia. De ella se ha extraído un tercio de todo el mercurio que ha utilizado la humanidad, concretamente, se estima que de esta pequeña localidad de Ciudad Real han salido unos siete millones y medio de frascos de mercurio (cada uno contenía aproximadamente 34,5kg de metal).
Las minas de Almadén dieron fama a la península Ibérica en el mundo antiguo. En la época romana tuvieron ya una gran relevancia, aunque fue tras la invasión islámica de Al-Andalus cuando la Mina de Almadén adquirió mayor importancia. Su nombre se debe a esta época: al-madin (la mina, en árabe).
Precisamente, la historia viva de esta Mina, en la que llegaron a trabajar en 1950 unos 2.200 obreros, ha ocupado miles y miles de páginas de estudiosos y eruditos, además cientos de monografías y estudios académicos. Por ello, es curioso que en la Segunda República española, el Consejo de Administración de las Minas de Almadén decidieran realizar como obsequio un elegante libro 3D con los edificios más significativos de esta explotación. Esta pieza ha llegado en un perfecto estado hasta nuestros días, y para disfrutar de las fotografías en 3D solo son necesarias unas gafas anagrifo.
Debido a las nuevas directrices europeas y los cambios en los mercados, la demanda de mercurio descendió notablemente, y conllevó el cierre definitivo de esta explotación minera en 2003. No obstante,el 29 de junio de 2012, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a las Minas de Almadén conjuntamente a las de Idrija (Eslovenia). Hoy, en España se ha creado el Parque Minero de Almadén, que recibe miles de visitas al año.
La cámara de cine Agfa Movex 8, introducida alrededor de 1937 por la prestigiosa compañía alemana Agfa, representa un hito en la popularización del cine amateur. Diseñada para utilizar película de 8mm (doble 8), esta cámara destaca por su diseño compacto, ligero y ergonómico, que facilitaba su manejo a los aficionados. Su cuerpo metálico, recubierto parcialmente en símil piel con textura, le otorga una estética clásica e inconfundible de la época de entreguerras.
Equipada típicamente con un objetivo Agfa Kine-Anastigmat de focal fija, la Movex 8 ofrecía una calidad de imagen sorprendente para su segmento. Su motor de cuerda (spring motor) permitía filmar ráfagas continuas sin necesidad de baterías, una característica fundamental para la movilidad. A pesar de estar concebida para el mercado doméstico (documentales familiares, viajes), su robusta construcción mecánica ha permitido que muchos ejemplares lleguen hasta nuestros días.
Nota del tasador: El ejemplar muestra marcas de uso acordes a su edad y desgaste en la pintura del objetivo, pero conserva el revestimiento y la correa original. Su valor en el mercado de coleccionismo refleja su estatus como pieza representativa del cine doméstico europeo de mediados del siglo XX, siendo más valorada por su estética vintage que por su funcionalidad actual debido a la obsolescencia del formato.


Este visor estereo de la marca Rellev (id. 10673) está fabricado en España aproximadamente en la década de los 40. Incluye además dos colecciones completas de 15 fotografías cada una del Monasterio de Piedra, con gran seguridad obra del catalán José Codina. Se trata de un visor plegable de metal y cartón para vistas en formato cartulina 6x13cm.
El fotógrafo y editor José Codina Torrás arrancó su carrera editando vistas de las Exposiciones de Sevilla y Barcelona de 1929 en placas de vidrio de 45x107mm, aunque poco después se centró en lanzar al mercado numerosas series de poblaciones y lugares españoles siguiendo el formato ampliamente difundido por el Verascope de Jules Richard, esto es, 6x13cm.
Codina comercializó estas vistas bajo la marca “Estereoscopia RELLEV”. En un principio quiso denominarlas “Relleu” (relieve en catalán), pero debido a la época convulsa española (1930-1940) y para no tener problemas políticos o comerciales, decidió apostar por un logotipo en el que se leía “RELLEV”.
Bajo la serie “Vistas estereoscópias de España” (algunas de ellas sin su marca), editadas en formato 6x13, editó un total de 175 colecciones, cada una de ellas con 15 fotografías. Lo que hacen un total de 2.625 imágenes de toda la geografía española (lugares urbanos, monumentos, paisajes, interiores, etc.), aunque según los investigadores Hernandez Latas y Fernández Rivero más del 30% proceden de Cataluña. Cada serie se vendía al precio de 21 pesetas en cristal y 3,50 pesetas en cartulina, con importantes descuentos en caso de suscripción de la colección. Después de la guerra civil el precio se incrementó sutilmente.

Con la marca Rellev, Codina lanzó también en la década de los años 30 y 40 toda una gama de productos asociados: visores estereoscópicos (tipo Homes-Bates o los de sobremesa tipos Brewster, además de otros más sencillos plegables), así como proyectores para las series monoscópicas (de 35mm) con un mecanismo eléctrico de iluminación. A lo largo del tiempo fueron muchos sus anuncios en prensa y otras publicaciones, como la que encontramos bajo estas líneas en las que aparecen reflejados algunas de sus creaciones: